Necesitados de esperanza, de apoyo, de ayuda material.

Estamos viviendo un año especialmente duro, la pandemia está dejando tras de sí dolor y sufrimiento, pero también está mostrando a la luz algo que antes, con el ritmo de vida y nuestro día a día, no teníamos tan presente: la necesidad que ya sufrían muchas personas antes de que el COVID entrara en nuestras vidas y la fragilidad de otras muchas a las cuales esta situación ha dejado totalmente desvalidas.

Durante estos meses, especialmente al inicio de la pandemia, hemos podido observar como un movimiento social se ha desarrollado y reforzado en cada ciudad, barrio y calle para ayudar al otro. Una acción que nace con urgencia de la necesidad, pero también de la esperanza que nos anima a seguir adelante juntos, todos juntos. Es un motivo de alegría y confianza en el ser humano ver que, en una situación tan difícil, el amor al prójimo reina por encima de todo lo demás. La Iglesia ha estado, y sigue estando, en primera línea, con todo lo que tiene, respondiendo a la crisis que estamos viviendo; todas las personas que conforman la Iglesia se han volcado a ayudar de múltiples formas para llegar a todos aquellos que necesitan auxilio allí donde se encuentran.

Es importante recordar que esto no ha acabado, y que cuando llegue la vacuna y superemos esta crisis sanitaria, la crisis social y económica será una dura batalla a la que tendremos que enfrentarnos de nuevo, todos juntos. Por eso es tan necesario mantener viva esa llama solidaria y continuar ayudando a la Iglesia a desarrollar su acción solidaria, caritativa y protectora en todos los rincones de nuestro país.

¿Cómo podemos llevarlo a cabo? Hay muchas formas de tomar un papel activo: colabora con tu tiempo en las actividades de tu parroquia y de las distintas delegaciones de Cáritas; colabora con tus conocimientos y cualidades desde pequeños arreglos del templo hasta tu empatía y saber escuchar al que lo necesita; colabora con tu oración por los que sufren y también por los que se vuelcan en ayudar y que puedan llevar a cabo su tarea; colabora con donativos, porque gracias a ellos se puede hacer llegar comida, medicinas, material escolar a las familias que lo necesitan, se puede ofrecer un techo a quien no lo tiene y un futuro a quien está desamparado.

 

Todos podemos ayudar ejerciendo la “caridad social” y que no es más ni menos que poner en práctica la fraternidad humana y cristiana y responder a la llamada que Dios nos ha dado: amar al prójimo, y podemos hacerlo apoyando la acción de nuestras parroquias y diócesis. Puedes hacerlo acudiendo a tu parroquia y también online a través del portal Dono a mi Iglesia

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