#marginación

Jesús Abandonado, esperanza para quien la ha perdido

Más de 30 años lleva esta fundación murciana, arropada por la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, trabajando para que las personas sin hogar vuelvan a recuperar sus vidas

María de León Guerrero
Delegada Episcopal de Medios de Comunicación Social Diócesis de Cartagena

Si juzgas mi camino, te presto mis zapatos». Es la frase que puede leerse en una de las paredes del centro de acogida de la Fundación “Jesús Abandonado” de Murcia. No es una crítica, sino una invitación a ponernos en el lugar de los otros, en los zapatos de los otros, sin juzgar, e intentar caminar con ellos para comprender las historias de sus dueños, que les han llevado hasta un presente incierto.

Más de 30 años lleva esta Fundación trabajando en la capital murciana para ayudar a devolver la dignidad a los más desfavorecidos de la sociedad, a los pobres de entre los pobres, a los hombres y mujeres que se han quedado al borde del camino, que ni siquiera tienen un techo bajo el que cobijarse.

Los 365 días del año se hace vida allí aquello de «tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber; estaba desnudo y me vestisteis» (Mt 25, 35-36). Pero “Jesús Abandonado” es mucho más que un plato de comida y un lugar donde pasar las frías noches de invierno. La fundación ofrece herramientas para que hombres y mujeres que habían creído perder la esperanza puedan recuperar las riendas de sus vidas. «Estoy muy agradecido porque me acogieron, ofreciéndome un espacio de paz donde poder rehacer mi vida.

Siento un agradecimiento profundo hacia las personas que forman parte de “Jesús Abandonado”, señala uno de sus usuarios. Recuerda el director de esta fundación, Daniel López, que “Jesús Abandonado” ha incrementado su esfuerzo durante la pandemia para dar respuesta al dolor de la sociedad murciana. En su comedor social, en el centro de la ciudad, dieron de comer a 1.973 personas y realizado 200.000 servicios en 2020. La residencia del centro de acogida tuvo entonces y tiene ahora las 70 plazas cubiertas, y también dan cama a 88 transeúntes. Pero, como decíamos, “Jesús Abandonado” es mucho más: es la ayuda que se brinda a las 53 personas que viven en 16 pisos de vida autónoma; es la atención a las 62 personas que viven en la calle y que, por diferentes circunstancias, no pernoctan en el albergue; son las 188 personas que se forman en el centro de empleo, o las 177 que acuden al centro de día.

En “Jesús Abandonado” han dado de comer a más de 1.900 personas durante el año 2020,  ofreciendo más de 200.000 servicios

Una fundación que se sustenta bajo tres pilares: 70 trabajadores, 350 voluntarios (aunque durante la pandemia solo están prestando servicio 150) y la comunidad de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, con cuatro hermanos.

Una labor asistencial que necesita la ayuda de todos. Realizando un donativo de 5 euros al mes, “Jesús Abandonado” puede servir 231 desayunos, dar 123 sesiones de psicoterapia o impartir 9 meses de formación. cerca de los vulnerables Promovida por la diócesis de Cartagena, en 1987 nació la Fundación Patronato “Jesús Abandonado” de Murcia. Con una misión: la atención a personas en situación de exclusión social. En 1992, y a petición del entonces obispo de Cartagena, Javier Azagra, se fundó en Murcia una comunidad de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios para acompañar la labor de esta fundación. La llegada de los hermanos supuso un cambio para la institución. Fue, tal y como señala su presidente, José Moreno, «el comienzo de una nueva y fértil etapa».

En ‘Jesús Abandonado’ han dado de comer a más de 1900 personas durante el año 2020 ofreciendo más de 200.000 servicios.

Hace dos años, el hermano Martín Cuenca llegó a la comunidad, de la que hoy es superior. Él mismo insiste en que lo importante de esta Fundación no es paliar las consecuencias que provoca una situación de dolor y vulnerabilidad, sino rehabilitar a la persona de forma integral: «Lo importante es que puedan volver a ser autónomas, retomar el sentido de su existencia, que se impliquen en ese cambio para descubrir que suman en la sociedad y que no están solas».

Insiste el hermano Martín en que los voluntarios son muy importantes por la labor que realizan, pero, sobre todo, porque se convierten en agentes del cambio y se involucran en la realidad de pobreza que viven los usuarios. Quienes se implican dándose a sí mismos como voluntarios insisten en la gratitud que sienten porque reciben mucho más de lo que ofrecen. Joaquín, de 55 años, lleva seis como voluntario en el comedor social, un trabajo que realiza con ilusión y alegría y que «cobra» a través de «sonrisas que enseñan lo que guarda el corazón». Para Sebastián, de 59 años, es «un lujo» que la Fundación le haya permitido realizar su voluntariado durante diez años en el comedor y en el albergue.

La Iglesia con los marginados

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centros en España para mitigar la pobreza

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(cifra en miles) de personas atendidas en centros para mitigar la pobreza

La mirada fue lo que conquistó a Vicente, de 46 años, los seis últimos como voluntario en diferentes servicios; una «sensibilidad» especial que le ayuda a vencer los prejuicios. Entre los voluntarios también están los estudiantes franciscanos de Santa Catalina del Monte. Uno de ellos, Mikel, de 47 años, destaca el valor de compartir la vida y poder así ver «la imagen más cercana y real de Jesús».Todos recomiendan el voluntariado por ser «una experiencia enriquecedora», como señala Pablo, de 44 años, recién llegado. alta valoración “Jesús Abandonado” se ha convertido en una de las instituciones mejor valoradas por los murcianos y un referente de solidaridad y compromiso.

El pasado 10 de noviembre se iniciaban las obras de un nuevo edificio junto al centro de acogida que albergará sus talleres: carpintería, cerámica, cestería y teatro. Con ellos, ofrece formación y una alternativa de empleo. «Cada día, salimos a la calle en busca de personas sin hogar que han perdido la esperanza, abriéndoles una puerta para volver a recuperarla». Son palabras de María, trabajadora social al frente del programa ‘Intervención en Calle’. Su testimonio pone de manifiesto que esta Fundación no solo atiende a quienes llegan solicitando ayuda, sino que sale al encuentro, a la búsqueda, del que sufre, para ayudarle a sanar las heridas y recuperar el valor de su vida.

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