La Iglesia y sus diócesis, junto con todas las organizaciones y grupos que la conforman, tenemos un profundo y firme compromiso social. Durante este 2020 hemos intensificado aún más nuestros esfuerzos frente al coronavirus no solo desde el inicio de la crisis sanitaria, sino previamente a la declaración del estado de alarma nacional, con la detección temprana de la necesidad de ayuda personalizada, especialmente de las personas más vulnerables, gracias a ese contacto cercano y diario que mantenemos de forma constante.

El aislamiento ha puesto de manifiesto la gran desprotección que existe para muchas más personas de las que en principio cualquiera podría imaginar: enfermos, dependientes, ancianos, niños, mujeres en riesgo, personas sin hogar, con adicciones o pasando dificultades circunstanciales, como la pérdida de empleo.

Hemos aumentado la actividad y las plazas de centros de atención, orientación, ayuda y acogida, extremando las medidas de seguridad; también hemos abierto otros nuevos para responder a la gran demanda. Miembros de grupos de apoyo, Cáritas, Voluntarios de Escalera… todos nos mantenemos a pie de cañón para acompañar y auxiliar a personas solas o con necesidades especiales y para seguir haciendo llegar al prójimo aquello que tanto necesita.

La escasez de elementos básicos e imprescindibles para la lucha contra la enfermedad es una de las principales ayudas que ahora necesita la sociedad: como respiradores, EPIS, mascarillas, instalaciones preparadas para ser habitadas o seguras para almacenar mercancías. 

Ayudamos cediendo edificios y residencias, como seminarios y casas sacerdotales; donando fondos para la compra de lo necesario, como aspiradoras y EPIS o adquiéndolos directamente, entregándolo allí donde hace falta; incluso fabricándolos a mano, como por ejemplo mascarillas, batas y pantallas protectoras, en monasterios, conventos, grupos juveniles…toda  la comunidad católica se está volcando para hacer aquello que está en su mano.

La esperanza que nos da la fe y la capacidad para soportar y superar los baches de la vida que hemos aprendido siguiendo los pasos de Jesús son una gran ayuda para mantener las medidas que debemos cumplir, algo por lo que hoy damos gracias y que también compartimos: desde la catedral más grande a la iglesia más pequeña, a diario se celebran misas y encuentros retransmitidos online, nuestros sacerdotes nos acompañan a través de videollamadas, redes sociales y charlas telefónicas para aliviar nuestras angustias, acompañar a las personas solas y calmar los miedos de nuestros mayores. 

También hemos habilitado para utilizar a distancia nuestros servicios psicológicos, que atienden profesionales titulados y experimentados, para atender crisis emocionales, problemas familiares o matrimoniales que pueden surgir tras el paso de los días. 

Hoy queremos dar las gracias a todas las personas que han hecho que todas estas acciones, que toda esta actividad, haya sido posible. Gracias a vuestro esfuerzo, dedicación, ideas, caridad y amor al prójimo muy especialmente en un año tan complicado como está siendo 2020, del que nos despedimos con un mensaje: Fe, amor y esperanza son la clave para afrontar cualquier prueba que nos encontremos en esta vida.

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