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Guillermo

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“La Iglesia me salvó. Sin ella, probablemente, hoy no estaría aquí”

Guillermo tiene 26 años y es un rapero madrileño que responde al nombre artístico de Grílex. Conoció (y vivió) “en el lado malote”, hasta que un día decidió entregar su música a Dios para contagiar luz y esperanza. Guillermo es un torbellino. Gesticula. Tiene una facilidad pasmosa para expresarse: puro rap.

La palabra “luz” salpica la conversación de Guillermo Esteban, madrileño de 27 años que encontró en el rap una pasión y, después, una herramienta para hablar a los jóvenes de “un amor estratosférico” en los temas que interpreta como Grílex. "Dios —resume— dio sentido a mis canciones” tras un caminar desnortado. El rumbo lo encontró gracias a lo que define como el “GPS dentro de mi espíritu”: la Iglesia, “sin la que no sería quien soy”. Lo dice el que algunos llaman “el rapero de Dios”.

La historia de Guillermo arranca con la enfermedad de su hermano, un lupus eritematoso sin curación. “En mí surgió una frustración muy potente. Nada me saciaba. Miraba alrededor y me preguntaba: ¿qué pinto yo en este mundo? Amistades y amores rotos. Tantas heridas que uno se empieza a desangrar”, explica.

Un amigo se le acercó y le animó a escribir un rap a su hermano. Le salió una historia de superación y autoestima: “Cuando la terminé, sentí que la presión que tenía encima había disminuido. Sacamos el tema, tuvo mucha repercusión, muchas personas nos empezaron a seguir... Y entonces quise hacer una segunda canción con un tono más malote, enfocada al menosprecio, al odio, a todas las frustraciones que sentía por dentro".

“Me dedico a evangelizar a jóvenes a través de mi pasión, que es el rap. Si somos portadores de luz, tenemos que ir donde hay oscuridad. Y no tener miedo”

"Muchas personas dicen que los jóvenes estamos perdidos. Y yo digo: no, no, no, perdidos no, desorientados. La perdición es cuando no hay marcha atrás. A los jóvenes nos bombardean con tantas cosas que al final te preguntas cuál es la realidad. Nos venden todo como si fuera real, y vas probando ciertas cosas: sexo, drogas, alcohol, que en lugar de reforzar tu personalidad lo único que hacen es fracturar poco a poco tu alma”.

La madre de Guilllermo, muy preocupada por la evolución de su hijo, le invitó a ir a misa con ella. Él no quería saber nada de aquello. “¡Imagínate, pisar una iglesia! Pero las madres tienen el poder de convencer. En la iglesia encontré a una chica guapísima que me habló de las cenas Alfa. Fue cuando tuve un primer encontronazo con el Señor”. Cuenta Grílex que en esas cenas se come gratis —“un puntazo”—, pero que sobre todo se habla de Dios con respeto y libertad.

Foto de un concierto
Guillermo
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“Encontré a personas que servían siempre con una sonrisa. Aquello me chocó porque yo venía de un ambiente bastante oscuro y opaco, donde si te sonreían era porque a continuación te iban a apuñalar por la espalda. Preguntando, vi que lo que hacía felices a esas personas era precisamente servir. Eso fue otro tortazo del Señor. Así, hasta llegar a unas convivencias en las que el Espíritu Santo entró a fuego en mi alma y me rompió todos los esquemas”.

Una amiga animó en ese encuentro a Guillermo a escribir una carta a Dios y vaciar en ella todo lo que le había pasado. El joven se puso a ello. Cuando la terminó, se dio cuenta de que tenía la métrica exacta de un rap. Fue entonces al estudio de grabación con ella. Y se encontró con la negativa del productor. “¿Tú hablando de Dios y de tus heridas? Ni de coña, esto no puedes sacarlo. Tú eres Grílex, tienes que ser fuerte, me dijo. Pero tras una noche intensa hablando, al final accedió”, recuerda.

“Faltan valientes que digan: apuesto por el Reino de Dios. Es lo que nos está diciendo el Espíritu Santo: abriros, abriros a mi inspiración”

La vida del joven rapero da un vuelco en ese momento. “Comienzo a saborear un amor, una ternura, una comprensión, una misericordia de otro mundo. Me siento en paz, vivo. Por fin, algo me llena de luz”, proclama con una alegría y una convicción contagiosas. No sólo eso, hubo quien, tras escuchar la canción, confesó a Guillermo que gracias a ella no se había suicidado. “Para mí, eso fue una bomba tan potente que pensé: ¡pero qué hago yo siendo protagonista de este rap cuando esto tiene que ser cosa de Dios! Lo que yo tengo que hacer es dejarme llevar totalmente por Él”.

Guillermo se recuerda como un “adolescente rebeldillo” que pasó por nueve colegios. Lo malo es que esa oscuridad no solo ensombrecía su arte sino también el día a día de un chaval que, años después, se analiza sin paños calientes. “Estaba muerto estando vivo y necesitaba alicientes para hacerme sentir vivo. Estás helado en lo que se refiere a sentimientos, de perspectivas, de futuro, de presente…”, evoca. La situación familiar disparó esa desorientación…

Guillermo

El jovencísimo Guillermo ya debía intuir que algo no andaba como debía porque intentaba pasar el menor tiempo posible con su familia —“en casa te suelen decir las verdades y las verdades escuecen”, apunta—. La nueva etapa, en la que la luz barrió las sombras, no llegó de golpe, porque “no hay una varita mágica que te toca y lo resuelve todo, es progresivo”.

El hallazgo de nuevas referencias cargadas, a su vez, de luz, provocó en él una evolución que le permite, a día de hoy, relacionarse con todo tipo de ambientes. “Yo crezco, me dan mucha perspectiva y luz, y lo puedo transmitir, pero siempre con respeto, sin imponer, porque cada uno tiene su ritmo y su camino. Pero siempre intentando ser el abrazo del padre y el beso de la madre que la gente necesita”, reflexiona Guillermo.

Aunque en ese tránsito de la oscuridad a la luz llegó a pensar si era incompatible ser rapero y tener cercanía con Dios, la duda se disipó con rapidez porque pudo constatar que “este arte es muy cara a cara. El rap desglosa muy bien lo que tengo en el alma para poder comunicarlo a los demás”. Y decidió poner su música al servicio de Dios y de la evangelización. “La palabra tiene la fuerza para destruir o para levantar. Si antes estaba destruyendo, ¿por qué no darle la vuelta a la tortilla y construir? Y así empezamos”.

"En la Iglesia encuentro referencias, personas con un sentido de la vida"

Habla en plural y menciona a sus “pretorianos”, las personas que le ayudan a levantarse cuando cae y que demuestran la importancia de “depositar el corazón en personas que te quieren como eres, sin máscaras”. De ahí que en la Iglesia pueda ser quien es, ya que representa “ese lugar donde puedo crecer” y donde descubrir personas con un “sentido de la vida”, referencias que le han aportado perspectiva y experiencia. La suficiente para decirle a quien esté atravesando un momento oscuro que siempre hay esperanza: “No estás solo, no estás sola. En este mundo funcionamos a través de máscaras. Pero cuando caminas para salir de esa perspectiva, sales. Hay que querer, apostar fuerte”.

Es consciente de que su mensaje cala “muy bien” entre los jóvenes no solo por el rap sino porque él mismo es un joven y comparte con su público el mismo momento vital: “Lo que les digo es que mis heridas son tus heridas, estamos hechos de la misma pasta. Todos hemos sufrido cosas parecidas: mal de amores, una crisis, la pérdida de un ser querido, una decepción…”. Y ese compartir momentos le convierte en testigo y portavoz de la juventud actual. “Los jóvenes tenemos muchísima sed de verdad, pero muchas veces nos conformamos con ser mediocres porque lo que nos ofrecen son referentes rotos. Cuesta decir: dame realmente la verdad. Estamos en proceso y en camino. Pero perdidos, no”, concluye.

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