Guadalajara

Llevar vida a la España Vaciada

Un viaje Por Tantos comenzó por los últimos, las personas que se han quedado solas en la España Vaciada. En Guadalajara, los protagonistas conocieron a Emilio Vereda, un joven sacerdote de 27 años que tiene a su cargo nueve pueblos de la provincia; y a Gregoria, una mujer de 80 años que vive prácticamente sola en la localidad de Lebrancón. El otro habitante del pueblo es José, el alcalde, pero no pasa allí todos sus días.

El testimonio de Gregoria dejó a los visitantes «tremendamente impactados», pues está «completamente abandonada». Se sorprendieron de que, allí donde no llega la Administración ni los Servicios Sociales, fuera la Iglesia la que llevara vida a los pueblos, hiciera compañía a sus escasos habitantes –en su mayoría, personas muy mayores–, se preocupara por ellos y cubriera sus necesidades más básicas.

Los viajeros se mostraron asombrados por la exigente tarea que lleva a cabo Emilio cada día

Como reflexionaba uno de los participantes, el hecho de que Emilio tuviera 27 años y estuviera dedicando su juventud a hacer compañía y charlar con ancianos abandonados fue una de las revelaciones más fuertes de toda la ruta. De primera mano, pudieron escuchar a Gregoria confesarles que vive con miedo y que el cura es el único que le da calidad de vida.

Tras preguntar a Emilio todo lo que quisieron sobre una labor, la de Lebrancón, que se multiplica por nueve pueblos en los que hay algunos habitantes más, acompañaron al sacerdote hasta el santuario Virgen de la Hoz, en Ventosa, donde les mostró, por si fueran pocas, otra de sus responsabilidades: conservar y mantener en perfecto estado la ermita. Los viajeros se mostraron asombrados por la exigente tarea que lleva a cabo Emilio cada día, un servicio que afronta con abnegación, alegría y mucha humanidad, virtudes que muchos curas despliegan cada día en las provincias de la España Vaciada. Comprendieron, así, que cuando los bancos, los bares, los médicos y los servicios sociales se marchan, la Iglesia es el último bastión contra la despoblación, y que, sin su labor, los ancianos de nuestros pueblos quedarían totalmente abandonados.

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