La Iglesia diocesana es la familia de la fe.

† Ricardo Blázquez Pérez

Celebramos el Día de la Iglesia Diocesana una vez al año para recordar que la diócesis debe estar presente en nosotros todos los días. ¡Que diariamente renazca en nosotros el sentido de la Iglesia como familia en la fe, como hogar de fraternidad cristiana, como gracia y tarea! En ella habitamos y como piedras vivas deseamos también edificarla.

La Iglesia diocesana se alimenta de la Palabra de Dios y de la eucaristía, su identidad consiste en ser casa y hogar de los cristianos de un ámbito social y geográfico; está llamada a transmitir y compartir la fe, a ser en medio del mundo testigo del Evangelio, a transparentar la forma de vivir de Jesús, que vino a defender a los pobres, a acoger a los débiles y a ser esperanza de los pecadores. La Iglesia diocesana no es invisible, pues está constituida como un grupo humano con unas señas de identidad. No se debe refugiar en la intimidad de la fe y dentro del culto; tiene una palabra que pronunciar y vivir en medio de la sociedad.

Precisamente por esto, nos extraña mucho que al parecer quiera ser relegada a la periferia y a la privacidad. ¿Por qué en celebraciones públicas lo religioso es silenciado? Ni por casualidad o “descuido” se desliza una alusión. ¿No es la dimensión religiosa parte del bien común de una sociedad? ¿No se empobrece el bien común prescindiendo de lo religioso? ¿Por qué lo religioso, en este caso lo cristiano, arraigado profundamente en nuestra historia y sociedad, no muestra ni un mínimo signo, como si diera “encefalograma plano”? Es como encorsetar una realidad viva, pretender encerrar la religión en lo privado, en lo interior y en lo individual, poniendo límites forzados a su manifestación social y pública. Nos da la impresión de que se confunde el hecho de que el Estado sea aconfesional, es decir, no tiene ninguna religión particular que efectivamente los cristianos compartimos, con el hecho de que los ciudadanos no podamos elegir en conciencia lo que creamos libremente en orden a configurar nuestra vida. El Estado no tiene religión alguna, pero debe custodiar la libertad religiosa de los ciudadanos. 

Nuestra sociedad es plural también por lo que se refiere a la religión; pero no podemos cercenar la libertad religiosa, como si para evitar conflictos fuera preferible nivelar todo y excluirlo de la vida social. Es falta de respeto reducir al silencio y declarar inexistente la dimensión religiosa que es ingrediente de la riqueza social y cultural de una sociedad. El confinamiento nos ha enseñado la limitación que significa estar encerrado en la casa; pues bien, tampoco lo religioso debe ser confinado en la privacidad de la conciencia, del templo y de la familia.  

Queridos amigos, os saludo cordialmente en el Día de la Iglesia Diocesana. Demos gracias a Dios por esta familia de la fe, vivamos en concordia fraterna, cultivemos la comunicación, reavivemos la misión que el Señor nos ha confiado. Seamos en medio del mundo testigos humildes y valientes del Evangelio. Jesucristo nos aguarda en el Evangelio, en la eucaristía y en los necesitados.

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